La utilización de los artículos 510 y 525 del Código Penal en el caso del Coño Insumiso de Sevilla

En primer lugar nos gustaría mostrar los artículos a través de los que han sido imputadas las tres compañeras, ambos incluidos en el CAPÍTULO IV del Código Penal: “De los delitos relativos al ejercicio de los derechos fundamentales y libertades públicas”, simplemente para ponernos en situación:

Artículo 510.
(De la Sección 1.a De los delitos cometidos con ocasión del ejercicio de los derechos fundamentales y de las libertades públicas garantizados por la Constitución)

1. Serán castigados con una pena de prisión de uno a cuatro años y multa de seis a doce meses:

a) Quienes públicamente fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo, una parte del mismo o contra una persona determinada por razón de su pertenencia a aquel, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de género, enfermedad o discapacidad.

Artículo 525.
(De la Sección 2.a De los delitos contra la libertad de conciencia, los sentimientos religiosos y el respeto a los difuntos)

1. Incurrirán en la pena de multa de ocho a doce meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican.

2. En las mismas penas incurrirán los que hagan públicamente escarnio, de palabra o por escrito, de quienes no profesan religión o creencia alguna.

Si bien, como apunta eldiario.es, los jueces archivan la mayoría de las denuncias por ofensa al sentimiento religioso, dada la conclusión de los tribunales de que para imputar delitos contra los sentimientos religiosos es necesario probar la voluntad de ofender, queremos no centrarnos en el aspecto más judicial de estos artículos, sino que trataremos de contextualizar el asunto desde una visión más política.

¿Cómo es posible que los mismos que se rasgan las vestiduras a favor de la libertad de expresión por unos temas, como con lo sucedido a Charlie Hebdo en Francia, en otros casos sigan recurriendo al llamado en otros países delito de blasfemia? Amigas, el problema aquí es que no todas somos iguales ante la Ley ni tenemos los mismos derechos y libertades, por mucho que nos lo quieran hacer creer.

En la denuncia presentada por la Asociación de Abogados Católicos, estos afirmaban que “en los últimos tiempos los católicos estaban sufriendo una persecución semejante a las ocurridas en la época romana”. Sin embargo, mientras en cuestiones de religión denuncias como estas siguen aceptándose a trámite por los tribunales, nosotras estamos siendo perseguidas, acusadas, imputadas y condenadas. Y asesinadas, no lo olvidemos.

Estos dos artículos han sido utilizados en multitud de ocasiones por los poderes del Estado para reprimir las acciones y representaciones de las luchas de las izquierdas, convirtiendo la visibilización de las mismas en hechos a condenar, con un afán de ejemplificar y oprimir a las que luchamos por nuestros derechos y nuestras ideas. Qué casualidad que en nuestra ciudad, allá por el 26 de noviembre de 2013, también se decidiera detener e imputar a once personas por su participación en una manifestación contra el sindicato ultraderechista Respuesta Estudiantil, protegido por la Subdelegada de Sevilla y por la Policía Nacional. En este caso, qué casualidad también, se realizaron las identificaciones a posteriori, de una forma muy semejante al caso de Coño Insumiso, con la utilización de los ya conocidos ficheros ideológicos.

Todo este asunto no es sólo un tema sobre la legalidad de una acción. Los que detentan el poder nos quieren calladas. En los últimos años, y sobre todo desde las protestas contra la Ley Gallardón, hemos asistido a un fortalecimiento de los movimientos feministas, cada vez más visibles en los medios y en las calles. Que nosotras decidamos sobre nuestros coños y nuestros cuerpos, en la medida en la que la ley nos deja, a estos sectores les ha tenido que sentar mal, así que han decidido que ellos son los únicos que pueden hacer uso de la sacralidad y de ensalzar lo que veneran encima de un altar. Lo único que puede ser digno de procesionar, parecen entender, es lo que ellos consideran bueno y puro, y que nosotras, mujeres que luchamos por la libertad de nuestros cuerpos, hayamos hecho eso con una vagina de dos metros, para reivindicar nuestra vida y celebrar nuestra insumisión a un sistema patriarcal es motivo de denuncia penal.

La dicotomía en la categorización de las mujeres entre buenas o malas, entre santas o putas, sigue más vigente que nunca. Todo en lo que basan su poder y su opresión pasa por nuestros mismísimos, ya sea raza, etnia, clase, nación… Sigamos luchando por ser como nos dé la gana y celebrar lo que nos salga del coño.

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